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| Foto: WallpaperCave |
Cuando David Moyes arribó
en la ciudad, nadie se podía imaginar todo lo que sucedería después. El fracaso
de un mismo modelo, los partidos de prueba con Ryan Giggs de entrenador-jugador
coronado como rey emérito, el naufragio de un holandés errante, y el delirio de
un dios luso. Cinco años y medio de vagar por el ostracismo del fútbol, con
leves ráfagas de sol, apagadas por el feroz golpe de la realidad. Una realidad
que no hace prisioneros, y al igual que engulló a otros grandes, también lo ha
hecho con el Manchester United.
Con Ed Woodward al mando,
el club gastó más que nunca, pero acertó menos de lo debido. Con Mourinho en el
banquillo, tras una etapa en la que se intentó modernizar al equipo con Van
Gaal, el United perdió su esencia. En tres años, solo hemos visto a dos
canteranos llamar a la puerta grande, un Jesse Lingard que ya contaba para
Louis Van Gaal (incluso lo probó de carrilero), y un Marcus Rashford que parece
vivir en una burbuja paralela a la realidad del club. Rashford es de los pocos
jugadores que han progresado con José Mourinho, pero la realidad del delantero
es menos placentera de lo que puede parecer. Sin su físico, que sí ha mejorado,
Rashfy desaparece. Sin espacios, Rashford muere. La sensación es que, pese a su
evolución, sigue siendo un jugador estancado en una idea fija y unos movimientos
previamente definidos. Rashford progresó por sus cualidades innatas para el
fútbol, y no por la mano de José Mourinho. Pero eso, es otro tema.
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| Foto: Daily Express |
Ole Gunnar Solskjaer ha
venido para apagar el fuego que Mourinho avivó. No es culpa de José Mourinho
que los mejores canteranos tengan 17-18 años y estén verdes para competir en
Premier. En los últimos años, ha faltado un equipo Sub-21 capaz de relevar a
los futbolistas de la primera plantilla, cuando estos acusan la fatiga o el
calendario. Y eso es algo que ha venido en relación con el gasto. A Cuanto más
gasto, menos canteranos. Y no, eso no es culpa de Mourinho.
Pero aquí no estamos para
buscar culpables, y nadie quiere ni debe ya seguir tocando el tema. El Asesino con cara de niño ha firmado por
seis meses. Seis meses que, a buen seguro, no se prolongarán salvo milagro. El
club tiene otras ideas, otras propuestas, otros candidatos con más experiencia
al primer nivel. Pero la idea inicial, el punto de partida, es el mismo. Con
Ole o con el que venga, Sir Bobby Charlton lo sabe, y Woodward también, el
proyecto debe ser para reconstruir la vieja casa roja, y sustituirla por un
moderno chalet neoclásico que haga justicia a la historia, pero sea capaz de
crear la suya propia.
Llegue quien llegue,
salga quien salga, el United debe recuperar su esencia, debe volver a ser el
Manchester United. Old Trafford debe volver a ser un feudo temido por los
rivales, un estadio que, en el soplido del viento, lleve consigo la palabra
temor. La camisa roja debe volver a ser sudada como antaño, haciendo gala y
honor a las grandes leyendas que algún día pisaron el mismo tapete. La actual
plantilla debe rendir homenaje a las leyendas que en el pasado hicieron
realidad lo que hoy definimos como magia e historia del club. Los chicos de
Solskjaer, sí, los de Solskjaer, tienen que luchar por todos ellos, por Busby,
Foulkes, Duncan, Tommy, Eddie, Bobby, Law o Best. Por Cantona, Ferguson, Giggs,
Scholes, Keane, Neville, David o Butt. Y sobre todo, por todos aquellos fans
que jornada tras jornada alentaron al equipo en horas bajas. Ya no se pide
ganar títulos, ni entrar en competiciones europeas. No se piden milagros. Old
Trafford solo pide volver a ser lo que algún día fue. Volver a ser el
Manchester United Football Club.


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